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Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación – CLADE

Carta Temática - Educación

transforMADA y transformaDORA

Campaña Mundial por el Derecho a la Educación- CME

Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación-CLADE


Antecedentes El concepto de educación transformadora se refiere principalmente a la noción de educación emancipadora. Concebida como catalizador del cambio, la educación pretende cuestionar las estructuras económicas, sociales y culturales injustas y promueve el conocimiento como vía para ampliar las libertades individuales y colectivas, las oportunidades de disfrutar de sus derechos humanos y contribuir a una sociedad democrática y más justa.


Esta noción también se inspira en el ODS 4, especialmente en la meta ODS 4.7, en relación con el papel de la educación en la promoción de prácticas de desarrollo sostenible, la ciudadanía mundial y el respeto y la promoción de los derechos humanos dentro y fuera de los sistemas educativos. Asimismo tiene como referencia la Cumbre Transformar la Educación (TES, Transforming Education Summit), encabezada por el Secretario General de la ONU en 2022 para movilizar acciones políticas, soluciones y la solidaridad internacional para revitalizar los esfuerzos nacionales y mundiales para alcanzar el ODS-4.

Los conceptos "transformar la educación" y "educación transformadora" pueden ser complementarios, pero no significan necesariamente lo mismo. Mientras que el primero se refiere a las transformaciones necesarias de los mecanismos institucionales de la educación, el segundo está relacionado con el papel transformador de la educación. En otras palabras, una está vinculada a las características del sistema y la otra a la forma en que se cumplan los objetivos de la educación. Así pues, para alcanzar una educación transformadora, es necesario transformar la educación. 

La búsqueda de la transformación de y a través de la educación no es nueva. En las teorías del aprendizaje, la noción de educación transformadora está influida por el pensamiento del educador brasileño Paulo Freire y, más recientemente, por la teoría del sociólogo estadunidense Jack Mezirow sobre el aprendizaje transformador. Sugiere que las personas aprenden cuando piensan críticamente y cuestionan el contexto social y cultural en el que están inmersas. Utilizando las propias experiencias, los individuos pueden influir no sólo en los objetivos de la educación, sino también en las formas en que ésta se desarrolla como proceso. Una educación transformadora facilita la participación activa de las y los directores escolares, las y los docentes, las y los estudiantes y los demás miembros de las comunidades educativas en los sistemas educativos, lo que abre las puertas para las transformaciones en la educación.

Mediante el pensamiento crítico y el cuestionamiento de los supuestos no declarados que preservan la distribución desigual del poder y los recursos, los individuos pueden lograr el cambio social, descolonizando el currículo. La educación transformadora desafía, así, los planteamientos educativos que reducen la finalidad de la educación a la adquisición de competencias laborales, en lugar de aspirar a la expansión de las capacidades y libertades de los individuos. En términos más generales, el concepto de transformar la educación cuestiona los sistemas educativos que preparan a los jóvenes para una vida de trabajo y consumo, pero pasan por alto el valor del pensamiento reflexivo y crítico.

En este sentido, la educación transformadora se traduce en cómo se espera que una educación de alta calidad para todas y todos cree las condiciones necesarias para construir una sociedad más justa en la que la vida y los derechos de cada persona sean efectivamente respetados, protegidos y garantizados.

Es fundamental que la educación transformadora dialogue con las dimensiones de aceptabilidad y adaptabilidad del derecho humano a la educación. La aceptabilidad del derecho, de acuerdo con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CESCR)1, se refiere a que los contenidos de la educación deben ser pertinentes, culturalmente apropiados y de buena calidad. También dialoga con la Convención sobre los Derechos del Niño, que en su artículo 29 determina que "el plan de estudios debe guardar relación directa con el contexto social, cultural, ambiental y económico del niño y con sus necesidades presentes y futuras y tener plenamente en cuenta la evolución de las facultades del niño", por lo que los métodos de enseñanza deben adaptarse a las diferentes necesidades de los/las distintos/as niños y niñas.

Hacer que la educación sea pertinente para la experiencia del estudiante aumenta la participación en el aula y evita que las y los estudiantes abandonen sus estudios (2007)2. Para ello, es fundamental aprender en los entornos culturales y lingüísticos de las personas, y aprovechar del diálogo intercultural e intergeneracional, que incluye el aprendizaje de otros idiomas además del idioma materna para poder conocer conocimiento y valorar culturas distintas a la de las y los estudiantes, respetar a la diversidad religiosa o el agnosticismo, recuperar valores positivos ancestrales. También pasa por aprender a usar y desarrollar nuevas tecnologías de manera crítica, considerando las nuevas configuraciones del mundo actual, y buscando cerrar las brechas educativas. Por ello, todas las plataformas de enseñanza y aprendizaje deben garantizar la libertad de cátedra, de modo que se aseguren y protejan pedagogías pertinentes, horizontales, transformadoras y no epistemológicamente extractivistas.

Los planes estratégicos de la CLADE y de la CME y la transformación educativa hacia una educación transformadora

 
Los avances de un pensamiento conservador en América Latina y el Caribe así como de las tendencias privatizadoras de la educación ponen en jaque el carácter emancipador y transformador de la educación, el sentido de lo público de la educación, y el aporte de la educación en ciudadanía en función de la democratización de las sociedades.

Persiste, así, el desafío de avanzar hacia una narrativa pro derechos humanos, que se extienda en el imaginario social y haga contrapeso al discurso conservador que atenta contra la diversidad y las libertades. Por ello la CLADE ha incluido la defensa del derecho humano a una educación transformadora y emancipadora, pública, laica y gratuita para todas y todos, a lo largo de la vida como, responsabilidad, accesibilidad, aceptabilidad y adaptabilidad, que reconozca las diversidades, promueva la ciudadanía y la realización de los derechos humanos, así como la superación de la todas las formas de discriminación en el corazón de su Plan Estratégico 2022-2026.

La educación transformadora y emancipadora aparecen en la misión de la CLADE, en la meta de largo plazo, y en uno de sus objetivos centrales, que es generar “narrativas sobre el carácter transformador y emancipador de la educación y su condición de derecho humano universal, fortalecidas en las agendas públicas de los países de la región”.

El Plan Estratégico de la CME (2023-2027), a su vez, se inspira en los resultados de la TES y se compromete a exigir responsabilidades a los gobiernos, incluso a través de los procesos de las diferentes áreas funcionales y las próximas Cumbres de las Naciones Unidas.

El sector educativo tiene la profunda responsabilidad de utilizar el potencial transformador de la educación en la formación de estudiantes que ayuden al desarrollo de sociedades más sostenibles e inclusivas. Se necesitan profundas reformas educativas tanto para replantear los contenidos de la enseñanza como para preparar los sistemas educativos para adaptarse continuamente a las realidades cambiantes, descolonizando los planes de estudio y abordando los retos relacionados con la lengua de enseñanza.
 La CME y la CLADE están comprometidas a exigir que los Estados asuman esta responsabilidad y a movilizar sus miembros para que avancen hacia las reformas necesarias. Las reformas educativas deberán tener en cuenta el contexto y la cultura para llegar a los más rezagados en educación y los que se encuentran fuera de los sistemas educativos. Además, destaca que las soluciones digitales y tecnológicas, la educación en derechos humanos y la educación sexual integral pueden desempeñar un papel de catalizadores en la reforma educativa y permitir el acceso al aprendizaje, la permanencia de las niñas en los sistemas escolares y la continuidad en la educación de las y los estudiantes con discapacidad y de personas que se encuentran en situaciones de emergencia. 

Retos críticos


Las transformaciones necesarias en y a través de la educación deben recuperar su sentido integral, de modo que la enseñanza y el aprendizaje tengan como objetivo proteger la dignidad humana. Esto sólo es posible si se transforma la educación desde marcos neocoloniales, capitalistas, extractivistas y patriarcales hacia culturas de derechos humanos en las que las personas puedan aprender a convivir en un mundo pacífico, igualitario y democrático.

Dicho esto, el mayor reto consiste en promover una concepción de la transformación de la educación que refuerce, en lugar de debilitar, su relación con los objetivos de la educación, tal y como exige la ley internacional sobre derechos humanos, alejándola así del sentido comercial y utilitario que el sector empresarial trata de darle. Así pues, la pregunta crucial ahora es: ¿para qué queremos transformar la educación y hacia cuál horizonte?

Al defender el papel y el poder transformadores de la educación, la CME y la CLADE desafían los intentos de enmarcar la educación como un conjunto limitado de resultados de aprendizaje o una fuente de capital humano y de consumidores - y no titulares de derechos. Más bien, la educación es entendido como un proceso complejo y multidimensional, centrado en el o en la estudiante, a la vez que una experiencia colectiva y participativa, que aspira a construir un modelo de sociedad y ciudadanía basado en los derechos humanos.

Esta aspiración requiere superar el currículo colonialista, en el que se cuestionan o niegan las epistemologías locales, ancestrales o no, y se mantiene un sistema jerárquico, excluyente y discriminatorio sobre el que se han concebido e impuesto modelos de Estado, sociedad y educación. Además, los Estados y las comunidades también deben prestar atención a todos los componentes, sectores, dimensiones, niveles y modalidades educativas, entendiendo que éstos están interconectados, por lo que descuidar uno de ellos tenderá a repercutir en los demás.

Así, para lograr una incidencia efectiva, es conveniente considerar la sincronía de estos elementos, sin que ello signifique negarse a establecer prioridades estratégicas. Un ejemplo de este enfoque sistemático podría ser el cuestionamiento de las normas sociales de género y la promoción del bienestar mental y físico a la hora de elaborar los planes del sector educativo3.

Como lo plantea el Comité de los Derechos del Niño, la educación trasciende al acceso a la escolarización formal y abarca el derecho a una calidad específica de educación, que incluya una amplia gama de experiencias vitales y procesos de aprendizaje que permitan a los niños, individual y colectivamente, desarrollar sus personalidades, talentos y capacidades y vivir una vida plena y satisfactoria dentro de la sociedad4.

Garantizar una educación transformadora, inclusiva y gratuita requiere enfoques y perspectivas innovadoras que tengan en cuenta: el papel emancipador y descolonizador que puede desempeñar la educación, los modelos de gobernanza escolar democrática, los sistemas de enseñanza, los planes de estudio, el idioma de instrucción y los libros de texto; el aprendizaje y respeto de los derechos humanos dentro de los sistemas educativos; la obligación de que los procedimientos disciplinarios de las escuelas respeten los derechos de las niñas y los niños5.
En tal sentido, lo que se aprende y se enseña en la escuela es tan importante como la forma en que las personas aprenden y se relacionan en el entorno educativo. Una evaluación exhaustiva de la pertinencia de la educación debe incluir también los recursos financieros y materiales (libros de texto, acceso físico y económico a los grupos marginados), junto con la formación y las condiciones de trabajo de las y los docentes.

El camino a seguir


La CME y la CLADE se comprometen a permanecer atenta a los acuerdos de la Cumbre Transformar la Educación, para que juntos se pueda realmente hacer que la educación transformadora sea inclusiva para todos y todas, de acuerdo con la Agenda Educación 2030 y el marco conceptual y normativo del Derecho Humano a la Educación. Esto implica responder de manera creativa y urgente a la crisis climática, la pobreza y la discriminación, utilizando métodos que democraticen la tecnología digital. Igualmente a seguir trabajando incansablemente para que los Estados rindan cuentas de sus obligaciones y compromisos internacionales, luchando por un mundo en el que nadie se quede atrás. 

La contribución de la CME y de la CLDE se centra en apoyar los compromisos de los gobiernos en torno al derecho a la educación, incluyendo la igualdad de género, la justicia para las personas con discapacidad, la educación en la primera infancia, el aprendizaje y la educación de personas jóvenes y adultas, y la creciente participación de niñas, niños, jóvenes y estudiantes en la gobernanza de la educación.

La educación integral en sexualidad6 es una parte esencial de la educación transformadora, ya que permite a los niños y jóvenes desarrollar conocimientos, actitudes y habilidades precisos y apropiados para su edad; valores positivos, tales como el respeto por los derechos humanos, la igualdad de género y la diversidad, y actitudes y habilidades que contribuyen a relaciones seguras, saludables y positivas.

En particular, la CME y la CLADE se comprometen a apoyar la agenda de financiación transformadora y a pedir7 un pacto mundial basado en ella, asegurándose de que la agenda de financiación transformadora (que incluye medidas en materia de impuestos, deuda, austeridad y masa salarial del sector público) enmarque los debates nacionales y mundiales sobre financiación en los próximos años, para superar las relaciones coloniales que siguen pesando sobre los países en desarrollo.

Las visiones coloniales siguen ofreciendo interpretaciones erróneas sobre la naturaleza de los problemas financieros, haciendo creer que la escasez de recursos es atribuible a la falta de capacidad de los pueblos para resolver sus problemas nacionales, por lo que la ayuda internacional se propone con frecuencia como panacea de los presupuestos nacionales, ocultando así las ambiciones empresariales y la dominación política que hay detrás.

La ayuda y la cooperación internacionales no están llamadas a definir los contenidos de las políticas públicas de los países en desarrollo. Las acciones orientadas a los donantes y a la ayuda podrían ser ejemplos de colonización, cuando sus programas no sólo imponen las condiciones de pago sino también la forma en que deben invertirse los recursos. Más bien la ayuda y cooperación internacionales deben estar enmarcadas en un imperativo ético y en compromiso solidario de realización del cumplimiento del Derecho Humano a la Educación para todas las personas, independientemente de las fronteras de los Estados.

Ningún progreso transformador puede lograrse sin un cuerpo docente formado y cualificado, cuya escasez ronda los 69 millones8, por lo que el proceso transformador debe alcanzar acuerdos significativos para garantizar sus derechos laborales y ofrecerles oportunidades de formación continua y condiciones de trabajo dignas, incluyendo su derecho a participar en el debate y en la toma de decisiones.

Tampoco es posible transformar la educación sin reconocer las y los estudiantes como actores centrales para el desarrollo de las políticas educativas, y sin garantizar la presencia y participación de sus representantes elegidos democráticamente en los espacios globales, regionales y nacionales de debate y toma de decisión. La participación transformadora debe conducir a reformas de las políticas en los contextos locales, que deben materializarse a partir del diálogo entre múltiples actores. Este diálogo implica un proceso continuo de consulta a las bases, capaz de inspirar nuevas culturas de gobernanza popular, en las que la toma de decisiones sea el resultado de entornos democráticos fortalecidos.

Finalmente, los conflictos y las emergencias relacionadas con el cambio climático están dejando a millones de desplazados internos, refugiados y solicitantes de asilo sin la oportunidad de disfrutar de su derecho a la educación. La destrucción de escuelas y los asesinatos de docentes y estudiantes durante los conflictos armados y la ocupación producen consecuencias tan graves que la mera posibilidad de reorganizar la educación constituye en sí misma un enorme desafío, por lo que la CME y la CLADE hacen un llamamiento a los gobiernos y a la comunidad internacional para que protejan y garanticen siempre el derecho a la educación y velen por que se imparta una educación de calidad sobre el cambio climático en todos los niveles educativos y que tenga un alcance y un enfoque transformadores.